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Revolviendo los siete mares

Puede que esté familiarizado con alguna versión de los siete mares--los antiguos griegos usaron el término para abarcar las aguas del mar Egeo, Adriático, Mediterráneo, Negro, Rojo y Caspio (con el Golfo Pérsico); y más tarde la frase fue utilizada por la literatura europea medieval para describir los mares Norte, Báltico, Mediterráneo, Negro, Rojo, y el Mar Árabe, así como el Océano Atlántico. De manera más moderna, los siete mares ha sido utilizado para describir regiones de los cinco océanos: el Ártico, el Atlántico Norte, el Atlántico Sur, el Pacífico Norte, el Pacífico Sur, el Índico y el Océano Austral. A través de la historia la terminología de lo que se consideraba regiones distintas del mundo se ha adaptado para abarcar los bordes en expansión de los mapas del explorador y las cartas náuticas.

Hoy en día, sin embargo, sabemos que estas regiones del mundo acuático no son tan dispares como los primeros exploradores pudieron haber pensado--cada uno de estos cuerpos de agua, desde los frígidos océanos de la Antártida hasta los remolinos del Mar Caribe, a las aguas heladas que rodean las islas Aleutianas, se conectan a través de una corriente del océano profundo llamada la cinta transportadora oceánica global. Este patrón de circulación global ayuda a ciclar nutrientes y energía a través del planeta, apoyando la cadena alimentaria del mundo y creando un ambiente marino dinámico.

Esta corriente global está impulsada por los cambios en la química oceánica en diferentes partes del mundo. Las diferencias locales en la temperatura del agua de mar y los niveles de salinidad dan a  distintas zonas de agua densidades variables, haciendo que se hundan o suban en la columna de agua. Agua muy fría y salada, como la que se encuentra en el Océano Ártico donde la formación de hielo marino excluye la sal y aumenta la salinidad de las aguas circundantes, es muy densa, y por lo tanto se hunde miles de metros hasta el fondo del océano. Una vez en el fondo de la columna de agua, este agua fría y densa se esparce para abrir espacio para el agua descendente que continúa enfriándose y hundiéndose desde la superficie. Este movimiento descendente extrae más agua de la superficie circundante, creando una corriente.

La gran cinta transportadora oceánica - El color azul representa la corriente de agua fría y salada profunda con la indicación de color rojo una corriente más superficial y más caliente.

A medida que se esparce en las profundidades, el agua fría y densa no tiene a dónde más ir pero hacia el sur. Se mueve por el fondo del Océano Atlántico, pasando por el ecuador, y hacia el continente antártico, donde choca y rodea la masa terrestre del sur y se alimenta con más agua fría y salada que se hunde desde la superficie. A partir de aquí, las aguas se dividen -- alguna es impulsada al el norte hacia el subcontinente indio -- y el resto se desplaza hacia el Pacífico Norte. En este viaje hacia el norte, las aguas son calentadas por el sol, tornándose menos densas y ascendiendo en la columna de agua. Una vez que el agua alcanza su nueva posición más elevada en la columna de agua, los vientos de superficie, la afluencia de calor ecuatorial y la reducción de la salinidad causan que se esparza nuevamente, haciendo espacio para más agua ascendente, y creando la segunda mitad de la corriente de agua de la cinta transportadora oceánica global.

Esta corriente global es vital para el suministro de los ecosistemas del planeta, pero corre el riesgo de ser afectada por el cambio climático. Más información sobre estos impactos aquí.

 

Fuentes:

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